Un futuro en igualdad en el páramo

Por: Zoila Dolores Piedra Guamán

Fecha: jueves, 22 de abril de 2021

Tengo 50 años y 30 años de casada. Tengo cuatro hijos, el mayor tiene 28 años y la más pequeña 13. Yo nací en un sector llamado Las Nieves. Fui solo dos años a la escuela. Dejé de ir porque mis padres fallecieron, por eso ya no pude ir más. Realmente en la etapa de mi infancia sufrí mucho porque perdí a mi madre a los 6 años y eso fue algo duro, bien triste y me tuve que quedar en la casa con mis hermanitos y, cuando tuve doce se me fue mi papá.

Me gustó mucho el proyecto de ONU Mujeres, realmente nos ha quedado bastante experiencia, a mí me gustó aprender cómo proteger las fuentes de agua, esa es la vida de uno, sin el agua no podemos vivir. Con lo que vinieron las compañeras nos enseñaron a cuidar el agua, nos dieron un poco de alambre, cercamos vertientes, y cuando empiece a llover más, vamos a sembrar plantas nativas de aquí, como la planta de quinua, para proteger el agua. Aquí tenemos una vertiente pequeñita que tengo que cuidar.

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Aprendimos a hacer el bokashi, los abonos orgánicos, el biol, un preparado para proteger las plantas de las plagas; también hicimos unos caldos de ceniza.

También tuvimos talleres en los que aprendimos bastantes cosas, sobre todo en temas de igualdad. Bastante experiencia nos quedó de allí. Mi esposo me apoyó para ir, solamente tuvimos que dialogar para entendernos en todo, para hacer el trabajo entre ambos. Él me reemplazaba en los quehaceres domésticos, ver a los animalitos pequeños, entonces los días en que me iba al taller él se encargaba de hacer esas cosas.

Ahora nos falta poner todo en práctica. Todo es fácil de aplicar, solo depende de nosotras. Ahora como todavía no llueve, no hemos sembrado, pero vienen las lluvias. Ahí vamos a aplicar lo aprendido sobre los huertos y los abonos orgánicos, y vamos a ver si producimos puras cosas orgánicas y sacamos también a las ventas.

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Yo sí tengo en mente qué puedo producir y salir a los mercados. Siempre sembramos huertos de papa, tenemos para comer y además nos sobra para salir a vender.

Para vivir mejor pensamos seguir con esta experiencia, haciendo los huertos, comiendo sano, sin químicos.

Ya no hay necesidad de comprar afuera las hortalizas, ya que nosotras mismas producimos.

Quisiera que la comunidad salga adelante para el futuro. Aunque fallezcamos, quedarán nuestros hijos, nietos, y biznietos. Por eso nos toca proteger el páramo, que es la primera base para nosotros, nuestra fuente de vida.

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Esta pieza editorial es un extracto de la publicación “Agua, mujeres, páramo: poner la vida en el centro de la vida”, producto editorial que sistematiza testimoniales de las beneficiarias del proyecto “Sostenibilidad del páramo desde la perspectiva de género”, ejecutado con el Gobierno Autónomo Descentralizado de la Provincia de Azuay, Ecuador y financiado por el Ayuntamiento de Madrid.

Las opiniones contenidas en este blog son responsabilidad de su autora y no reflejan una posición oficial de ONU Mujeres o de cualquier otra agencia del Sistema de las Naciones Unidas.

"Agua, mujeres, páramo: poner la vida en el centro de la vida”