Ensayo fotográfico: Historias de esperanza de un campamento para personas refugiadas en Camerún

Fecha : 16 mayo 2016

Ante el mundo son conocidas como “personas refugiadas”. Sin nombre ni cara, todas son iguales. Sin embargo, cada una tiene una historia que contar sobre sus vidas, lo que han perdido y cómo llegaron ahí. Luego de huir del devastador conflicto en la República Centroafricana (RC), hoy reconstruyen sus vidas día a día en un campamento en Camerún. ONU Mujeres apoya la rehabilitación económica y social de alrededor de 6.250 mujeres vulnerables y sobrevivientes de violencia sexual y de género ahí. Éstas son algunas de sus historias.


Hawa, 23, was eight months pregnant when her husband was killed in the fighting in CAR. Photo: UN Women/Ryan Brown

Hawa, de 23 años, estaba embarazada de ocho meses cuando su marido perdió la vida en el conflicto en RC. Su padre y su hermano también perecieron y su madre desapareció, dejándola completamente sola. Huyó y cruzó la frontera a Camerún, convirtiéndose en refugiada en el campamento Gada, donde dio a luz a su hijo, Haphisi Ibrahim.


Hawa carries her son as a neighbour pushes a cart with bags of cassava flour, dried fish and nuts for Hawa to sell at the camp’s marketplace. Photo: UN Women/Ryan Brown
Hawa sells bags of cassava flour, dried fish and nuts at the camp’s marketplace. Photo: UN Women/Ryan Brown

Hawa carga a su hijo mientras que un vecino empuja una carreta con sacos de harina de mandioca, pescado seco y nueces para que Hawa los venda en el mercado del campamento. “Cuando llegué no tenía a nadie,” cuenta Hawa. Recibió asesoramiento del personal de ONU Mujeres. “Me concientizaron y capacitaron sobre cómo hacer un plan de negocios en el campamento.”


Ardo Djibo Fadimatou (centre, in blue and yellow), 64, lost eight of her 15 children during the conflict in CAR. Photo: UN Women/Ryan Brown

Ardo Djibo Fadimatou (al centro, en azul y amarillo), de 64 años de edad, perdió a ocho de sus 15 hijas e hijos durante el conflicto en RC. No tiene conocimiento del paradero de su marido. Ella habla por las más de 12.000 mujeres en el campamento de personas refugiadas de Gado como su Presidenta electa y dirige reuniones en el espacio de cohesión social de ONU Mujeres. “El principal problema que enfrento en mi calidad de líder mujer es convencer a los padres de enviar a sus hijas e hijos a escuelas normales. La mayoría de los padres prefieren que sus hijas e hijos se queden en casa y aprendan el Corán. Las mujeres necesitan acceso a la educación para desempeñar actividades que generen ingresos y sean capaces de contribuir a la cohesión social aquí en el campamento.”


Yaya Dia Adama escaped CAR and came to the Gado refugee camp with her five children. Photo: UN Women/Ryan Brown

Yaya Dia Adama escapó de RC y vino al campamento de personas refugiadas de Gado con sus cinco hijas e hijos. Es costurera de profesión y logra ganarse la vida utilizando las máquinas de coser en el centro multiusos de ONU Mujeres. Actualmente está entrenando a otras tres mujeres para que las utilicen y confeccionen prendas, y juntas las mujeres producen vestidos para vender en el mercado. “Cada día puedo ganar entre 1000 y 2000 francos (RC) al día [1,75-3,50 dólares estadounidenses]. Esto me ha ayudado a proveer para mis hijas e hijos.”


Ouseina Hamadou, 22, lives in the Ngam refugees host community and works as a food vendor. Photo: UN Women/Ryan Brown

Ouseina Hamadou, de 22 años, vive en la comunidad de acogida de personas refugiadas de Ngam y trabaja como vendedora de comida. “ONU Mujeres me capacitó para realizar un plan de negocios y me ofreció asistencia financiera, la cual reinvertí en mi restaurante al borde de la carretera. Empecé a ahorrar 5.000 francos [8.50 dólares] al día y cuando alcancé los 200.000 francos [350 dólares], decidí empezar a construir mi propia casa.”


Nene Daouda is a 38-year-old widow who lost her husband in CAR during the war. Photo: UN Women/Ryan Brown

Nene Daouda es una viuda de 38 años de edad que perdió a su marido en RC durante la guerra. Ella escapó al sitio de personas refugiadas de Ngam en la región de Adawama en Camerún con sus cinco hijas e hijos, uno de los cuales falleció recientemente por enfermedad.


Nene (centre) and one of her daughters, Salamatou Abubakar (left), 12, have been providing food to many refugees at a makeshift restaurant in a small market at the camp. Photo: UN Women/Ryan Brown
 Nene passes out bites of dough to tide visitors over while she finishes cooking. Photo: UN Women/Ryan Brown

Nene (al centro) y una de sus hijas, Salamatou Abubakar (izquierda), de 12 años, han estado ofreciendo comida a muchas personas refugiadas en un restaurante improvisado en el pequeño mercado del campamento. “Observé una transformación completa de mi negocio y mis ingresos luego de haber asistido a la capacitación organizada por ONU Mujeres. Al final de la capacitación, nos dieron 50.000 francos (RC) como capital [85 dólares]. Yo reinvertí ese dinero en mi negocio y comencé a ahorrar semanalmente.” Hoy en día, ella es capaz de proveer educación y otras necesidades básicas a sus hijas e hijos. En la imagen a mano derecha, Nene distribuye bocados de masa a visitantes para matar el hambre en lo que termina de cocinar.


Salamatou, steps outside to cut herself slices of mango as a snack. She sees a group of boys nearby playing football and immediately runs to join them, forgetting, at first, to put down her mango-slicing knife. Photo: UN Women/Ryan Brown

Salamatou sale de su choza para cortarse unas rebanadas de mango como colación. Ve a un grupo de niños jugando futbol cerca de ahí y corre inmediatamente para unírseles, olvidando, en un primer momento, guardar su cuchillo para cortar mangos.

El desplazamiento es devastador. Cada día trae consigo nuevos retos. Pero para estas mujeres, y muchas otras personas en Camerún, la vida en el campamento de personas refugiadas también las ha empoderado de formas que jamás hubieran imaginado.

Fotos: ONU Mujeres/Ryan Brown