ÁREA 2: Empoderamiento económico

La inversión en el empoderamiento económico de las mujeres marca una ruta directa hacia la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el desarrollo inclusivo.

La desigualdad en el ejercicio pleno de los derechos económicos repercute en el acceso a la propiedad de la tierra o al crédito. Además, por la doble y triple jornada que significa el trabajo de cuidado, las mujeres tienen menos tiempo para aprovechar las oportunidades económicas.

En el Ecuador, país que si bien está clasificado como un país de renta media, las brechas de género persisten:

  • De acuerdo a la Comisión de Transición (CDT), el ingreso mensual promedio de las mujeres rurales es de US$219, comparado con US$293 de los hombres. En las áreas urbanas, las mujeres perciben en promedio US$421 mensuales y los hombres US$524. En 2013, la canasta básica familiar tuvo un costo de US $ 601.60.
  • Las mujeres tienen menores posibilidades de acceder a trabajos decentes y por la división sexual del trabajo participan más en el trabajo de cuidado. 
  • Según la CEPAL, el 38% de las mujeres mayores a los 15 años trabajan exclusivamente en los hogares. 
  • Según las cifras del INEC, las mujeres trabajan un promedio de 15 horas y 47 minutos más que los hombres. Y en el área rural, esta cifra se eleva a un total de 23 horas más que los hombres por semana. Estos indicadores muestran que las mujeres enfrentan pobreza de tiempo y pobreza material. 
  • Las mujeres no tienen tiempo para invertir en educación, trabajo remunerado, emprendimientos o recreación, que resulta en que en el ámbito rural el 15,2% de las mujeres son analfabetas.
  • A nivel rural, las mujeres gestionan sus medios de vida a través de la producción de alimentos para el autoconsumo y para la venta en mercados locales, producción que está siendo afectada por los efectos del cambio climático. 

Los retos en este campo son:

a.  Distribución inequitativa del trabajo de cuidado y deficiente oferta de servicios de cuidado públicos y privados que reduzca la carga de trabajo de las mujeres, limitando sus oportunidades para generar autonomía económica.

b.  La discriminación contra las mujeres en el mercado laboral como reflejo de la división sexual del trabajo en el ámbito privado hace que las mujeres accedan a trabajos precarios, menos pagados y que no sean remuneradas igual que sus compañeros varones por el mismo trabajo.

c.  Limitado conocimiento y acceso de las mujeres a estrategias de producción agroecológica, nuevas tecnologías de fácil acceso para las mujeres y respuestas para la adaptación al cambio climático lo que perjudica la producción agrícola de las mujeres, especialmente para garantizar la subsistencia. 

d.  Segregación ocupacional que orienta a las mujeres desde niñas a escoger carreras relacionadas con el cuidado, perpetuando sus roles tradicionales y alejándolas de la ciencia y la tecnología, dificultando que se vinculen a los sectores económicos mejor remunerados.