PROTEGER A LAS CAMINANTES PARA GARANTIZAR LA VIDA DE MUJERES Y NIÑAS EN MOVILIDAD
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Cerramos la Fase 1 del proyecto Proteger a las Caminantes, una experiencia binacional, transfronteriza y profundamente humana implementada por las oficinas de ONU Mujeres en Ecuador y Colombia con el financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). Gracias a todas las personas, organizaciones e instituciones que han colaborado en esta historia de protección y transformación.
La frontera colombo ecuatoriana es un espacio donde ambos países comparten la geografía, el clima, ecosistemas como los páramos y el Chocó. Compartimos costumbres, sabores e incluso festividades, a lo largo de la frontera cientos de familias viven “en ambos lados”, el flujo de personas es una constante ya sea por turismo, negocios o porque buscan nuevos lugares donde asentarse y construir un futuro para ellas y para sus familias.
En los últimos 50 años se han registrado al menos cuatro grandes grupos de personas en movilidad: Personas provenientes de Centroamérica, Colombia, Haití Venezuela, que realizan el tránsito transfronterizo propio de la dinámica económica y social histórica de la región; personas de comunidades fronterizas que huyen de los conflictos armados y sus efectos, y que —ocasionalmente— se constituyen en solicitantes de asilo y refugio; personas que están en tránsito desde sur del continente que intentan llegar a países como Estados Unidos a través de rutas irregulares; y flujos mixtos de migrantes y solicitantes de asilo provenientes del Caribe y otros países de América Latina, África y Asia que atraviesan esta frontera en su ruta hacia diferentes destinos.
Hasta diciembre de 2024 siete millones 891 mil personas venezolanas habían abandonado su país, aproximadamente 2.8 millones de ellas se albergan en Colombia, y Ecuador es el hogar acogiente de al menos 450 mil, pero también es un territorio de tránsito: según datos oficiales, en 2025 Ecuador registró más de 1.3 millones de movimientos migratorios (entradas y salidas) de personas venezolanas; de ellas casi la mitad son mujeres.
En el área fronteriza compartimos también la necesidad de responder a este enorme flujo de personas que requieren protección, atención y oportunidades para sostener sus vidas con dignidad y seguridad. Por esto en un esfuerzo conjunto ONU Mujeres y COSUDE formalizaron un acuerdo de cooperación en 2023 orientado impulsar acciones concretas para proteger y promover los derechos de las mujeres y niñas en situación de movilidad humana y de las comunidades de acogida en las áreas fronterizas entre Ecuador y Colombia a través del proyecto “Proteger a las caminantes”.
El proyecto fue implementado entre 2023 y 2025 por las oficinas de ONU Mujeres en Colombia y Ecuador y focalizó sus intervenciones en las ciudades de Ipiales, Pasto, Tulcán, Lago Agrio e Ibarra. “Proteger a las Caminantes” fue una experiencia pionera transfronteriza en materia de respuesta migratoria sensible al género.
Uno de los ejes centrales del proyecto se concentró en la articulación de los esfuerzos de prevención de la trata con fines de explotación sexual y laboral y atención a mujeres, adolescentes y niñas sobrevivientes de esta y otras formas de violencia basada en género, incluyendo el fortalecimiento de las capacidades de las instituciones y las organizaciones de la sociedad civil que prestan servicios de protección y atención.
Otro de los componentes del proyecto se enfocó en apoyar a las mujeres a generar actividades que les permitan sostener a sus familias, la instalación de talleres de costura, corte y confección, panadería y pastelería permitieron a las usuarias del proyecto establecer sus negocios en las comunidades de acogida en las provincias de Sucumbíos, Carchi e Imbabura.
Fortalecer capacidades para la respuesta
Como parte de las acciones del proyecto, en los territorios de intervención en 2025 equipos de gobiernos seccionales, organizaciones de la cooperación internacional y de la sociedad civil fortalecieron sus capacidades para brindar una atención más efectiva, coordinada y con enfoque de género a mujeres migrantes y sobrevivientes de trata de personas y sobrevivientes de otros tipos de violencia basada en género. Esta acción permitió reforzar conocimientos clave y dotar de herramientas prácticas que promueven una respuesta más cercana, ágil y empática frente a estas problemáticas.
Las jornadas, impulsadas por la Dirección Contra la Trata de Personas y el Tráfico Ilícito de Migrantes del Ministerio del Interior y ONU Mujeres, permitieron a las y los participantes profundizar en los riesgos específicos que enfrentan las mujeres en movilidad humana, y explorar estrategias desde el enfoque de derechos humanos para prevenir, detectar y atender casos de trata de personas.
Las comunidades en proceso de transformación
Con el objetivo de transformar prácticas tradicionales de género y fomentar relaciones más igualitarias, 54 hombres participaron en talleres de réplica sobre masculinidades corresponsables en las ciudades de Lago Agrio, Tulcán y Cotacachi. Funcionarios públicos, representantes de organizaciones de la sociedad civil y usuarios de servicios para personas en situación de movilidad humana y de comunidades de acogida reforzaron su compromiso para prevenir la violencia de género y compartir el trabajo de cuidados.
Estos espacios formativos fueron liderados por participantes previamente capacitados en un proceso de formación de formadores desarrollado en el marco del proyecto, el desarrollo de los talleres contó con la colaboración activa de aliados estratégicos como el Centro de Atención Integral para la Mujer y la Familia (CAIMYFI) en Cotacachi, Fundación Tierra para Todos en Lago Agrio, la Prefectura del Carchi, la oficina de la OIM en Carchi y la Pastoral Social de Ipiales. Su articulación ha sido clave para extender el alcance del proyecto y generar cambios sostenibles en las dinámicas de género en las comunidades fronterizas. Con iniciativas como esta, los participantes no solo refuerzan sus conocimientos, sino que también se convierten en agentes de cambio en sus entornos y generan redes de apoyo entre hombres, contribuyendo a construir territorios más seguros, inclusivos y libres de violencia.
Un lugar seguro para sanar en el camino
Carla (nombre protegido) cruzaba fronteras huyendo de la violencia. Vivía con miedo y las cicatrices de haber sido víctima de violencia por parte de su pareja. A pesar de ello, estaba determinada a proteger a sus dos hijas pequeñas y de reconstruir, juntas, una vida libre de violencia.
El trayecto no fue fácil. Como muchas mujeres migrantes en situación irregular, Carla enfrentó agresiones, amenazas de su expareja y el temor constante a que él la localizara durante el viaje.
Su historia no es aislada. Cada día, cientos de mujeres en movilidad humana atraviesan fronteras marcadas por el trauma de la violencia vivida y la ausencia de redes de protección. Cuando llegó a Tulcán, su cuerpo y su espíritu estaban exhaustos. Fue en el Centro de Atención Temporal (CAT) de Rumichaca donde por primera vez en semanas pudo detenerse. Este Centro de Atención Temporal, administrado y atendido por personal de ADRA, forma parte de los Centros de Atención y Casas de Acogida fortalecidas en el margen del proyecto binacional “Proteger a las Caminantes”.
Nada más cruzar la puerta, el equipo técnico, capacitado en detección temprana de trata y violencia basada en género (VBG), percibió su situación. Le ofrecieron un espacio confidencial en el que contó su historia. Mientras tanto, sus hijas eran llevadas a los espacios de cuidado, pensados para que niñas y niños en tránsito pudieran volver a vivir una infancia segura, aunque fuera por unas horas.
Al principio, las niñas apenas se atrevían a jugar. Miraban todo con desconfianza, se aferraban una a la otra. Pero a medida que pasaban los días algo empezó a cambiar también en ellas.
Para Carla, el cambio no fue inmediato, pero si profundo. Recibió apoyo psicosocial, un kit humanitario con enfoque de género, información clave para protegerse en el tránsito y, quizás lo más importante, la certeza de que no estaba sola.
Ella misma notaba el cambio: “Hoy siento que puedo seguir avanzando. El miedo ya no me paraliza. Mis hijas me preguntan cuándo volverán a jugar. Eso para mí es un regalo inmenso”, dijo antes de continuar su camino.
Con esta iniciativa, ONU Mujeres puede implementar acciones concretas y relevantes para la reducción de riesgos específicos que enfrentan mujeres y niñas en movilidad humana, promoviendo rutas seguras, mecanismos de protección efectivos y una respuesta institucional coordinada y comprometida con su dignidad y seguridad. Proteger a las Caminantes es posible gracias al financiamiento de la Agecia Suiza para el Desarrollo (COSUDE) y al trabajo realizado por socios implementadores como ADRA, la Pastoral Social, CORAPE y HIAS, y gracias al apoyo y compromiso de las autoridades nacionales y locales en a,mbos países.
onumujeres.ecuador@unwomen.org