Cada semilla nace cimarrona: Karen Villa, juventud afroecuatoriana que danza y construye futuro

En Ecuador, las mujeres afrodescendientes juegan un rol clave en la construcción de comunidades más justas, diversas y resilientes. Desde distintos territorios y generaciones, impulsan procesos culturales, educativos y políticos que fortalecen el tejido social. ONU Mujeres acompaña a lideresas como Karen Villa, joven activista afrofeminista, que transforma su historia en acción colectiva, memoria viva y propuesta para el presente y el futuro.

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Una memoria viva que no cabe en los libros

Foto: Cortesía Karen Villa
Foto: Cortesía Karen Villa

En las periferias de Quito, donde la vivienda digna sigue siendo un privilegio, mujeres negras levantaron hace décadas comunidades enteras. En esos territorios nacidos de la urgencia y la dignidad creció Karen Fernanda Villa Pavón, activista afro feminista, artista e investigadora.

Se reconoce como hija, nieta y obrera del proceso afroecuatoriano, y desde ese linaje ha construido una vida de compromiso, arte y educación comunitaria. Desde niña, Karen supo que su historia no estaba en los textos escolares. Aprendió a nombrarse en colectivo, a buscarse en las canciones y en los cuerpos en movimiento, en las danzas heredadas, en la espiritualidad y en los relatos que circulaban en voz alta dentro de su comunidad.

Arte con raíz, danza con memoria

Karen estudió antropología en la Universidad Politécnica Salesiana y dirige la Escuela de Danza y Teatro Infanto-Juvenil Con Alma Africana, un espacio que mezcla el arte con la pedagogía, la resistencia con la alegría. Allí, la danza no es entretenimiento: es una herramienta de identidad, de investigación, de liberación. Cada coreografía cuenta una historia, conecta con la diáspora, transmite memoria.

Karen Villa
Foto: Cortesía Karen Villa

Con más de dos décadas de historia, esta escuela ha formado a generaciones de niñas, niños y jóvenes en la importancia de saberse parte de una historia colectiva. Como educadora comunitaria, Karen combina sus saberes académicos y ancestrales para enseñar con rigor y ternura. Y en ese cruce —entre la cultura y la acción social— encontró también su voz como escritora de poesía feminista y antirracista.

Juventudes que inciden, agendas que interpelan

Karen Villa
Foto: Johanna Alarcón - Cimarrona

En 2023, Karen asumió el rol de coordinadora alterna por las juventudes de CONAMUNE y participó activamente en la construcción de la Agenda Política de las Mujeres Afroecuatorianas y Afrodescendientes 2024–2028, un documento construido desde las propias organizaciones para impulsar políticas públicas con enfoque étnico, de género, generacional y territorial.

Desde su experiencia como mujer joven, aportó en la incorporación de temas que históricamente han sido invisibilizados: la permanencia en el sistema educativo, la salud mental, las masculinidades cuidadoras y el reconocimiento de las diversidades sexo genéricas afrodescendientes.

“Esta agenda no es solo para nosotras. Es para nuestras familias, nuestras comunidades, nuestro pueblo. No queremos que las nuevas generaciones vivan lo mismo que nuestras madres o abuelas. Queremos otros futuros”.

La agenda, respaldada por procesos organizativos sólidos y espacios de diálogo intergeneracional, fue socializada con instituciones públicas e internacionales. ONU Mujeres acompañó este proceso a través de alianzas estratégicas que permitieron sostener el trabajo colectivo, articular con otros actores y fortalecer técnicamente las propuestas presentadas.

Para Karen, ese acompañamiento no fue de paso. Fue tejido desde la confianza. “No se trata solo de apoyo. Se trata de caminar juntas. Cuando criamos algo en comunidad —una escuela, una agenda, una lucha—, sabemos que no lo hacemos solas”.

Nuevas luchas para una misma historia

A 30 años de la Plataforma de Acción de Beijing, las mujeres afrodescendientes en Ecuador siguen enfrentando las mismas brechas estructurales: violencia, exclusión, racismo. Pero también han ampliado sus luchas. Hoy exigen acceso a salud mental, políticas de cuidado, oportunidades reales para las juventudes y acciones afirmativas que reconozcan la diversidad de sus vidas.

Karen lo dice con claridad: el desarrollo también produce nuevas desigualdades. “Antes luchábamos por un techo. Ahora luchamos por poder estudiar sin endeudarnos, por permanecer en la universidad, por oportunidades laborales dignas. Ser mujer negra profesional no garantiza justicia”.

Sus palabras buscan decir lo necesario. Reconocer lo pendiente. Aterrizar compromisos internacionales como los de Beijing+30 en las vidas reales de las mujeres afroecuatorianas.

Caminar sabiendo que no estamos solas

Karen lo ha dicho muchas veces: el liderazgo no se construye en solitario. Se aprende observando, escuchando, cayendo y volviendo a comenzar. Y en esa experiencia, se vuelve urgente decirle algo a las niñas negras que hoy la observan, que la escuchan, que tal vez se ven reflejadas en su historia.

“Ámate, niña negra.

Ama tu cabello, tu piel, tu historia.

Vas a caer, pero también vas a levantarte.

Busca a tu tía, a tu abuela, a tu comadre.

No estás sola. Hay comunidad.

Hay un camino”.

Y ese camino se va abriendo con cada paso. Con cada palabra dicha en voz alta. Con cada cuerpo que baila con orgullo. Con cada semilla que, como Karen, se convierte en cimarrona y esperanza.

En este Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, ONU Mujeres reafirma su compromiso con el liderazgo, las agendas políticas y las expresiones culturales de las mujeres afrodescendientes en Ecuador. Seguiremos acompañando estos procesos con respeto, cercanía y coherencia, para que cada niña, joven y mujer negra tenga las condiciones y los recursos para transformar su historia —y con ella, la historia de todas.