Mujeres en Espacios de Poder: Activistas dedicadas a la restauración y conservación del medio ambiente. | Mercedes Pombo

Fecha: miércoles, 9 de junio de 2021

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Foto: Alejandra Bonaccini

Mercedes Pombo, desde los 19 años es referente de "Jóvenes por el Clima Argentina", organización socioambiental que lucha contra la injusticia climática Es estudiante de filosofía y co-conductora del programa de radio "Que Mundo Nos Dejaron", en la Nacional Rock.

¿Por qué defiendes el medio ambiente?

La defensa del medio ambiente es indisociable de la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de justicia social.

Las problemáticas ambientales profundizan y cristalizan todas las desigualdades sociales preexistentes. Son los sectores históricamente postergados los que son desplazados hacia áreas inundables, cercanas o situadas sobre rellenos sanitarios, donde el agua contiene altos niveles de plomo, zonas fumigadas por agrotóxicos, o inundables.

Frente al desafío histórico que nos plantea la crisis climática y ecológica, en el que las problemáticas socioambientales se vuelven más agudas y frecuentes, la organización colectiva y la construcción de un movimiento que enfrente estas situaciones es una responsabilidad histórica impostergable.

¿Qué relación tienen el feminismo y el medio ambiente?

La profunda crisis climática y ecológica en la que nos encontramos responde a una lógica extractivista y patriarcal, que asocia al hombre con el desarrollo, el trabajo remunerado y la racionalidad mientras lo opone a la categoría de mujer, con la naturaleza, la irracionalidad y las tareas de cuidado. La dominación del hombre sobre la naturaleza tiene su correlato en la dominación del hombre sobre la mujer.

El hecho de que tanto el ambientalismo como el feminismo se constituyan como grandes movimientos de transformación de nuestro presente, con un fuerte protagonismo de la juventud como sujeto político, responde justamente a un cuestionamiento paradigmático de las lógicas que signan nuestro presente. La banalización de ambas luchas tampoco es casual y tiene que ver con la radicalidad de los reclamos, que no pueden circunscribirse a una sola reivindicación y que ponen en tela de juicio relaciones de poder históricas, tanto al interior de los países como a nivel geopolítico.

¿Por qué los temas ambientales afectan particularmente a las mujeres?

Toda catástrofe ambiental conlleva un aumento de las tareas de cuidado, que siguen recayendo mayoritariamente en mujeres. A esto se suma el fenómeno de la feminización de la pobreza, por lo que la desigualdad social que implican las problemáticas socioambientales está atravesada por una profunda desigualdad de género.

Un crudo reflejo de esta realidad es la pandemia en la que estamos inmersos, en la que fueron las mujeres y feminidades quienes se pusieron al hombro la sobrecarga de tareas de cuidado, tanto en espacios comunitarios, organizando merenderos y ollas populares como al interior de los hogares. También se evidenció el impacto diferencial en materia económica: según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a raíz de la pandemia, unas 47 millones más de mujeres y niñas van a caer por debajo de la línea de pobreza.

El rol histórico de cuidadoras que se asigna a las mujeres hace que además de ser las más afectadas por las consecuencias de la crisis climática y ecológica, también sean mujeres las que muchas veces están en la primera línea de batalla, luchando contra conflictos socioambientales, como las mujeres de Famatina, las madres de Ituzaingó, las promotoras ambientales de trayectoria cartonera, entre muchísimos otros ejemplos de lucha.

¿Cómo ejerces el activismo en uno y otro caso?

Tanto mi militancia ambiental como feminista son impensables sin la construcción colectiva que me contiene.

Creo que la alianza entre las nuevas generaciones, que son las que van a tener que habitar un futuro signado por la crisis climática, y los sectores más vulnerables, que son los que ya padecen las consecuencias de esta crisis en el presente, es lo que reformula estos activismos como movimientos, transversales e interseccionales, que surgen desde las bases y elevan sus reclamos a las dirigencias.

También creo que, aunque constantemente se busca vaciar a estos movimientos de contenido político y banalizar sus consignas, son indisociables de otras luchas sociales. Por eso la incidencia parlamentaria y el señalamiento de los sectores de poder que se benefician a partir de la depredación ambiental y la perpetuación de las desigualdades son patas fundamentales tanto de la lucha ambiental como la feminista.

Otra cosa que para mí es fundamental es la disputa de sentidos. Además de las conquistas materiales del movimiento ambiental y feminista creo que una de las mayores conquistas es la simbólica, el hecho de que hoy en día sean temáticas ineludibles en la agenda pública.

¿Qué te motivó a fundar la organización Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA)?

Jóvenes por el Clima surge a raíz de las movilizaciones masivas contra el cambio climático que se estaban gestando en todas partes del mundo.

Había una serie de problemáticas socioambientales que a mí me interpelaban porque identificaba una vulneración de los derechos humanos sistemática que era completamente invisibilizada.

Antes de la creación de Jóvenes por el Clima no me imaginaba al ambientalismo como espacio de militancia porque en el imaginario colectivo siempre se le trató de desvincular de las problemáticas sociales y se lo asoció a cuestiones más superfluas o que no se relacionaban con nuestra coyuntura como país.

Jóvenes por el Clima responde también a la necesidad de construir un ambientalismo que incorpore la perspectiva latinoamericanista y de derechos humanos.

También, a la hora crear Jóvenes por el Clima fue central, para mí y para mis compañerxs, poder crear un espacio que tome a la crisis climática como una cuestión impostergable a la hora de pensar nuestro futuro.

Como organización apoyan el Plan de Desarrollo Humano Integral. ¿Qué es y por qué lo apoyan?

En Argentina, a la acuciante necesidad de reducir los niveles de pobreza e indigencia en medio de una pandemia sin precedentes y con una situación macroeconómica crítica producto del sobreendeudamiento externo, se suma el desafío histórico que nos plantea la crisis climática y ecológica.

Estamos frente a un panorama en el que es crucial la planificación a mediano y largo plazo al mismo tiempo que estamos en un estado de excepción permanente que dificulta cualquier planificación y proyección a futuro.

El Plan de Desarrollo Humano Integral es el compromiso de distintos sectores de la sociedad incluyendo sindicatos de distintas vertientes, universidades, movimientos sociales y organizaciones ambientales, de pensar un proyecto de país más justo y sostenible.

Con el objetivo de planificar a corto, mediano y largo plazo y de construir consensos amplios, el Plan de Desarrollo Humano Integral conjuga la creación de empleo y la descentralización urbana con la perspectiva ambiental, proponiendo una lógica de producción descentralizada de alimentos y energía y la intercomunicación a través de una red de transporte multimodal que vuelva a poner en valor el rol de los ferrocarriles.

Esta iniciativa es fundamental para que el ambientalismo no sea únicamente un movimiento de resistencia, sino que también pueda contar con horizonte por el cual luchar activamente.