En palabras de Alexandra Bejarano: “La lucha continúa mientras tengamos corazones para salir adelante”

Fecha: jueves, 20 de mayo de 2021

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En palabras de Alexandra Bejarano: “La lucha continúa mientras tengamos corazones para salir adelante”


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Foto: ONU Mujeres Caminando

Alexandra Bejarano nació hace 32 años en una comunidad de Colimburo, en la provincia de Imbabura. Es madre soltera, tiene dos hijas y se dedica a la agricultura. Su historia es un vivo ejemplo de empoderamiento y resiliencia, en 2011 con 22 años creó la Asociación Tierra del Sol, conformada en su mayoría por mujeres, y ha tenido que superar infinidad de obstáculos para garantizar el trabajo digno de sus compañeras. Actualmente, la asociación forma parte del proyecto Caminando y han fortalecido sus capacidades aprendiendo nuevas herramientas para desarrollar y transformar su negocio. En el marco del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, ONU Mujeres conversó con Alexandra sobre el nacimiento de la asociación, la importancia del empoderamiento de las mujeres y la cohesión social entre las comunidades de acogida y la población migrante.

Abrir comillas con relleno sólidoYo antes pertenecía a una asociación de productores. Me ausenté durante tres meses por el nacimiento de mi segunda hija y, cuando volví a la feria, la señora presidenta me dijo que estaba atrasada con ocho reuniones y que tenía que pagar 300$ dólares. Si en la feria, en ese tiempo, con lo que se vendía entre ganancia y capital, unos 55 dólares era a lo que se podía aspirar.

Tener a mis dos nenas, una de tres meses y la otra de dos años, me impulsó a luchar frente a estos tratos injustos. Le dije que reunir ese dinero era difícil, y que estaba aprovechándose, eso para mí era vivir de la gente. Ese aspecto, me ha marcado porque yo nací para servir a la gente, no para vivir de la gente. Fue cuando le dije que iba a armar una asociación, y ella me contestó que era difícil, que eso a ella le había costado años de experiencia: ¡Qué experiencia podría valer cuando tengo ganas de ayudar a las demás!

Me fui hasta Ibarra, contraté un carrito con perifoneo para ir anunciando que quería armar una asociación de mujeres agricultoras de Pimampiro. No importaba la edad, todas estamos preparadas para trabajar. El único requisito que pedía era que fueran mujeres de empuje, porque sí nos iban a poner trabas. Conté 250 mujeres la primera vez cuando hice la reunión. No conocía a nadie, no sabía quiénes eran, y en un cuadernito hice que se fueran registrando, y ese mismo día hicimos la directiva de la asociación y quedé yo de presidenta.

Recuerdo que al primer día de la feria habían salido 100 mujeres, y me decía a mí misma: cómo les quito el miedo, qué hago. Entonces fui a cada carpa a hablar con cada mujer, a tranquilizarlas. Y así comenzamos un 19 de marzo de 2011, ese fue el día que la Asociación Tierra del Sol salió a la feria por primera vez. Hoy la asociación cuenta con 130 socios: 120 mujeres y 10 hombres.

Creo que entre mujeres nos dimos la misma fuerza. Créame que hasta la actualidad y desde ese entonces yo soy la menor casi de toditas. De verdad, no tenía mucho conocimiento en dirigir, nunca lo había hecho. Mi propósito era verlas bien a las mujeres, y la asociación se encaminó a eso.

Siempre hubo cuestionamientos sobre por qué una mujer a esa edad estaba manejando un grupo tan grande. Siempre la pregunta era: ¿cómo maneja un grupo tan grande si usted es joven o es mujer? A eso respondo que la mujer es igual o incluso más importante que un hombre: dentro de un hogar o dentro de la vida social. Hoy en día ya no vivimos en ese ciclo pasado. Pero, en la actualidad, sí se ve todavía que una por ser mujer vale menos.

A veces ha habido hombres que me han dicho que estoy dando alas a las mujeres, y cuando lo escucho, la verdad me alegra porque veo que estoy haciendo las cosas bien. Nosotras trabajamos para ser ese complemento en la casa, no para ser una carga. Cada una de nosotras tenemos lo que el hombre tiene: tenemos ganas y tenemos ánimo de trabajar.

Como agricultoras, nos pegó el impacto duro cuando hubo el paro aquí, porque no se pudieron vender nuestros productos. Después, pasó el paro, y vino la pandemia, y han bajado los precios. Desde que estamos con la pandemia no se acomodan las ventas, pero aun así tratamos de buscar soluciones, por ejemplo, realizamos un trueque cada viernes e intercambiamos los productos fríos por los calientes.

También durante la pandemia, tuvimos la oportunidad de integrarnos al proyecto Caminando de ONU Mujeres en el que recibimos capacitaciones y nos apoyaron con capital semilla. Tenían que ver la emoción de las socias, porque nunca habían recibido herramientas. Caminando es el único proyecto que ha mirado por nosotras, y nos ha brindado herramientas para nuestro trabajo diario, desde palas, machetes, y azadones, hasta podadoras, sierras y delantales.

En la asociación siempre nos manejamos a que podemos fortalecernos como mujeres, y se han realizado capacitaciones para motivarles. Dentro de la asociación hay personas afroecuatorianas, mestizas e indígenas, y en la asociación podemos prestarles el espacio a mujeres de otros países. No comparto el racismo. Dentro de la asociación nos hemos marcado a dar la mano a todas, y si alguien necesita cualquier cosa, estamos ahí para apoyarnos, mas no para discriminarnos, porque mañana u otro día, quién sabe, toca migrar a otro país. He tenido la oportunidad de compartir con mujeres migrantes en talleres y he aprendido de sus historias: a pararme más duro, porque de verdad no me gusta escuchar que aún hay violencia contra las mujeres.

A todas las mujeres, sean de donde sean, les digo que no den un paso atrás, solo para adelante. Que si nos caímos cinco veces, toca levantarnos 20, 30 veces, aprender de los errores, y a querernos más nosotras, porque nadie nos va a querer como nosotras mismas. Se puede salir adelante donde quiera que esté o a cualquier país que vaya. Y si viene de otro país, a seguir luchando, porque la lucha continúa mientras tengamos los corazones para salir adelante, que es la fortaleza para querernos a nosotras mismas.

Yo simplemente soy Alexandra Bejarano, soy agricultora, soy presidenta de la Asociación Tierra del Sol, conformada por mujeres. Así, al mismo tiempo que me derrumbé para enfrentarles, entendí que si yo también hablo, puedo vencer. Entendí que sí podía, con quien quiera, y aprendí a fortalecerme. Creo que la fortaleza la he formado gracias a las mujeres de la asociación. He aprendido muchas cosas de ellas, de la gente mayor, y entre nosotras nos arrimamos el hombro.”