El progreso de las mujeres en América Latina: incompleto y desigual

Fecha: jueves, 21 de septiembre de 2017

Panel de presentación del informe El Progreso de las Mujeres en América latina y El Caribe - Quito Foto/ONU Mujeres Ec

ONU Mujeres presentó el informe "Progreso de las mujeres en América Latina y el Caribe 2017", publicación emblemática de la entidad de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Este reporte destaca que el progreso se mantiene incompleto y, en un escenario de contracción económica y austeridad fiscal, existe el riesgo de desacelerar estos avances e incluso sufrir retrocesos. El informe hace un llamado a proteger los avances alcanzados, superar los obstáculos que el contexto supone y continuar avanzando hacia la ruta del cumplimiento de los derechos de las mujeres.

En América Latina y El Caribe, en las últimas décadas las mujeres aumentaron su participación en el mercado laboral y disminuyó el porcentaje de mujeres sin ingresos propios, al pasar de 41.7 a 28.9 entre 2002 y 2014. Adicionalmente, en el campo educativo las mujeres se gradúan en mayores números que los hombres en todos los niveles y ha habido avances e innovación en los sistemas de protección social, así como una reducción de la fertilidad. El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que recae de manera desproporcionada sobre las mujeres, continúa siendo un importante sostén de la economía regional. Las mujeres en la región realizan dedican hasta tres veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres.

Pese a la reducción de la pobreza en los países latinoamericanos y caribeños, y a la contribución que la participación de la mujer en el sector laboral ha tenido para esta reducción, la pobreza se ha feminizado cada vez más durante la última década. Entre 2002 y 2014, mientras la pobreza bajó en casi 16 puntos porcentuales, el índice de mujeres en situación de pobreza aumentó 11 puntos porcentuales. Esta cifra se refiere al porcentaje de mujeres pobres de entre 20 y 59 años de edad, en proporción a los hombres del mismo grupo etario. Para 2014, el porcentaje de mujeres pobres era 18% más alto que el de los hombres.

En el Ecuador al igual que en resto de la región el progreso que se ha logrado ha sido desigual entre las mujeres. La mujeres migrantes, indígenas y afrodescendientes están sobrerrepresentadas en los trabajos más precarios y de menor paga. En la región, las mujeres indígenas permanecen en el fondo de la jerarquía de ingresos, mientras que las mujeres con menos educación son más vulnerables a dinámicas familiares patriarcales.

Este reporte identifica tres diferentes realidades definidas por factores estructurales que interactúan con el género, como niveles de ingresos, niveles educativos, edad del primer embarazo, etnicidad y raza. En un primer extremo se encuentran las mujeres en “pisos pegajosos”: aquellas que tienen educación primaria baja e ingresos familiares bajos. Su participación laboral es limitada y significativamente menor que la de los hombres.

En el otro extremo se encuentran las mujeres con educación terciaria e ingresos familiares altos, pero que aun así chocan con los llamados “techos de cristal” que limitan su crecimiento y acceso a posiciones de toma de decisiones. Aunque este grupo se encuentra en una trayectoria más positiva que la de los otros dos, las mujeres que lo integran también se desempeñan en contextos laborales de discriminación y de segregación ocupacional que se manifiestan en la brecha salarial, que también afecta a las mujeres en otros niveles, y una carga desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, en comparación con los hombres.

Diálogo sobre hallazgos del informe Progreso de la Mujeres en América Latina y El Caribe. Foto/SENPLADES

Entre los dos extremos se encuentran las denominadas “escaleras rotas”, que incluyen a mujeres con educación secundaria e ingresos familiares intermedios. Aunque están insertas en el mercado laboral, las mujeres de este grupo carecen de redes de protección que les permitan avanzar significativamente hacia el empoderamiento económico o que les ayude a prevenir una caída hacia los “pisos pegajosos”. Lidiar con estos retos es más complejo y difícil en un contexto económico desacelerado, polarización social, falta de confianza en las instituciones y, en algunos casos, crisis políticas, así como factores externos como el alza de precios de las materias primas, crecientes tendencias proteccionistas, incertidumbre sobre el flujo de las remesas y posibles cambios en las políticas migratorias.

 

“A pesar de los avances que han habido en la región, las brechas siguen existiendo ya no solo entre mujeres y hombres, sino también entre las mujeres urbanas y las mujeres rurales. Quienes estamos aquí somo parte de este pequeño porcetaje  de mujeres que enfrentamos los techos de cristal, pero no debemos olvidarnos de aquellas que viven en los pisos pegajosos y de ellas a quienes en un momento se les rompen las escaleras en su progreso" dijo Bibiana Aído, representante de ONU Mujeres en el Ecuador.

 

 El informe identifica seis estrategias para enfrentar los retos de la región para prevenir retrocesos, superar obstáculos y avanzar en empoderamiento económico de las mujeres:

• Reconocer, reducir y redistribuir el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

• Avanzar en la construcción de sistemas de protección social universal con enfoque de género.

• Crear más y mejores empleos y transformar el trabajo en favor de los derechos de las mujeres.

• Fomentar relaciones de familia igualitarias que reconozcan la diversidad de los hogares en la región y los derechos y deberes de las partes 

• Crear las condiciones para el goce efectivo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 

• Contener los efectos adversos de la desaceleración económica en la igualdad de género

El empoderamiento económico de las mujeres como un camino para alcanzar los ODS. Foto / SENPLADES